El lunes pasado, comenzó Camila el ciclo escolar 2012-2013 en la escuela de la colonia: Wells Branch Elementary. Pese a lo que hubieramos pensado, le ha ido muy bien. Prácticamente cero lágrimas. Entró en lo que llaman acá pre-kinder, que es para niños de 4 años.
Camila conoció a su maestra (Miss Ruiz-Arthur) el martes de la semana antepasada. No sabemos bien para que años hacen esto, pero la semana anterior al comienzo de clases la maestra de Camila con alguien más que trabaja en la escuela vinieron a la casa a conocerla. No sabemos bien la razón de la visita, pero la maestra vino, platicó con Camila y hasta una foto les tomó Dani.
El jueves siguiente (el anterior a la semana de comienzo de clases), abren la escuela en la tarde para los papás e hijos para que vayamos a conocerla, para que los querubines sepan donde está su salón, y llevar los útiles escolares que nos pidieron. Camila, de su libro de dinasaurios para colorear, llevaba una página que había coloreado y que le iba a dar a la maestra. Llegando a su salón, le dijo a su maestra que el dibujo era para ella y se lo dió. Creo que ni Daniela ni yo le sugerimos que le llevara nada. Quién sabe de donde sacó la idea. Quizás es relacionada a que ha habido dias en que me da juguetitos para que los lleve al trabajo y se los enseñe a mis amigos.
En fin, ahí estuvimos en su salón en buen rato, armó un rompecabezas y jugó con unas bolitas para contar (espero luego subir fotos). Ya cuando nos ibamos, Camila le dijo a su maestra que le quería decir algo. Ya teniendo la atención de la maestra le dijo que del otro lado de la hoja con el dinasaurio ya coloreado había otro para que la maestra lo coloreara. A eso, la maestra le respondió algo así como que "que bien, para que yo practique colorear". Saliendo del salón, nos dimos un paseo por toda la escuela. Al parecer van como 900 chiquillos a esa primaria. Hay desde pre-kinder a 5to año (es pre-kinder, kinder, 1ro, ...). Son como 4 salones para cada año (entre 20 a 30 chiltepines por salón).
El día esperado estaba por llegar. El domingo hubo la negociación correspondiente para la ropa que se iba a poner, para que no hubiera gritos y sombrerazos la mañana de día tan importante. Creo que Camila escogió lo que se iba a poner y su madre lo aprobó. La entrada a clase es entre 7:20 y 7:40, con la campana sonando a las 7:45. Antes de esa semana, nadie en esta casa se levantaba antes de las 8am. El lunes llegó, los padres se levantaron, la cuasi estudiante de prescolar se levantó sin dramas, el chofer y padre desayunó su cereal como de costumbre, mientras la cocinera y mamá le preparaba su lonchera con un rico sandwich, un yogurt y quizás un botecito con fresas. La hora de partida llegó. Camila se despidió de su mamá y se montó al carro con su papá desmañanado y algo nervioso por el devenir.
Salimos con suficiente tiempo tratando de llegar a la escuela a las 7:30 para no llegar a las carreras. Llegando a la zona escolar, se veía chamacos y papás por todos lados. Muchos caminando, otros con los hermanitos en carreola. Otros tantos en carro buscando donde estacionarse. El padre inexperto en estos menesteres, ve que los carros se están metiendo al estacionamiento de los changarros de frente de la escuela, y decide hacer lo mismo. Para su buena suerte, estaba algo así como estacionamiento de Soriana que no había lugar. Nada más entrando al estacionamiento nos dimos cuenta del error, así que dimos vuelta en U y a salir del estacionamiento lo más pronto posible para estacionarnos en una callecita de casas de la colonia. Ya estacionados, nos bajamos del carro y nos mezclamos con el resto de las familias.
Cómo en película de Hollywood, 3 civiles en el crucero de enfrente para darnos el paso a los peatones con sus letreritos de alto. Todavía no muy bien sincronizados, pero con muchas ganas se coordinaban para salir al crucero con su letrerito de alto y darnos el paso. No dejo de pensar en que humor tendrán cuando esté lloviendo o haga un fríazo. Ya llegará el momento de saberlo. Habiendo pasado la aduana de la calle, papá e hija de la mano avanzaban hacia la entrada de la escuela. Había niños que los papás les tomaban fotos en el escudo de la escuela, y otros padres regalando unos pedómetros a los niños. Ahí nos tuvimos que frenar un poco para que nos ofrecieran uno, que no teníamos la menor idea de que era lo que estaban dando pero como bien dice el dicho, gratis aunque nos haga daño. Ya con su pedómetro en mano, Camila y su papá cruzaron la puerta de la escuela y con gran seguridad se dirigieron al salón.
Sin saber como se suponía que había que reaccionar, solo con la seguridad de que la misión sería un éxito si no había lágrimas ni de la hija ni del papá, llegamos al salón. La maestra nos recibió, saludó a Camila de nombre y le dijo que tenía que colgar su mochila en un gancho y poner su lonchera abajo. Esa era la misma rutina que en su escuelita anterior, así que era pan comido lograrlo, nada más había que escoger muy bien si la mochila iba en el gancho con el dibujo del león, de jirafa, de gato y no se que más. El papá se agachó para despedirse de la pequeñita ya no tan pequeñita, ya no recuerda bien que dijo, pero ha de haber sido algo asi como que repitiendo las instrucciones de donde poner la mochila y que iba a tener un bonito día. Con un beso de por medio, papá dejó que Camila entrara al salón y comenzara con su rutina de decidir el animal que le va a cuidar la mochila y la lonchera.
El papá salió del salón, y siguió viendo a la hija por unos segundos. Dió un par de pasos para el pasillo, dió una media vuelta y volvió a ver a la hija que ya estaba por llegar a donde había que poner la mochila. Después de ver que la misión había sido cumplida y la mochila colgada, ahora si emprendió el camino de salida no sin dudar en regresar para seguir viendo como le iba a la hija. Se resistió a la tentación y salió de la escuela.
Ahora bien, de salida el papá decidió echar un ojo por la ventana que había notado que por ahí se ha de poder vel el salón en el día que conoció la escuela. Cómo era el único papá haciendo eso, en cualquier momento pensaba que alguien iba a venir a decirme que no estuviera espiando a los salones. Pero desde ahí todos los días de la semana he visto la rutina de Camila de llegar al salón, sacar de su mochila un folder azul que nos mandan todos los dias con una estrellita o una "cruz muy fea", cerrar su mochila y caminar a colgar su mochilita y lonchera.
A diferencia del primer día en que la entregué a la puerta de la escuela, los siguientes días puedo entrar a la escuela, pero hay una segunda aduana donde ya no se permite el paso de padres a menos que hayan pasado a la oficina a pedir un permiso/estampita. Así que ahí le endozo a Camila a la directora y ella la lleva a su salón que está a 15 pasos de esa aduana. El viernes pasado ya la directora nada más la guió a la mitad del camino y le preguntó que si sabía cual era su salón. Espero que esta semana ya Camila camine directamente a su salón y no haya necesidad de pedir asistencia. Ya lo sabremos.
Ya me tengo que ir a dormir que mañana comienza la segunda semana de clases y no queremos que nos pongan retardo. Aún falta la historia de cuando su mamá la recogió el primer día e hizo berrinche porque se quería regresar en el camión, los nombres de sus primeros compañeritos de clase, su conversación con chucho de que le iban a poner una crucecita muuuy fea y no le iban a dar una estampita, y su primer viaje en el camión escolar con su mamá escoltando al camión.
Ahora si que fueron muchas palabras y pocas fotos (o cero fotos, que nomás no encuentro en picasa web las fotos que acabo de subir desde el teléfono).
Saludos.
lunes, 3 de septiembre de 2012
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1 comentario:
¡Que emocionante! Se ve que ella está encanchadísima y ustedes ahi la llevan.
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